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TravelTech

La inteligencia artificial irrumpe en la búsqueda de hoteles y tensiona el modelo de las OTAs

El uso de inteligencia artificial como asistente para comparar precios y reservar directamente reabre el debate sobre el rol de las agencias de viajes y OTAs.

La irrupción de herramientas de inteligencia artificial generativa en la planificación de viajes empieza a modificar el comportamiento del viajero. A través de simples indicaciones, los usuarios pueden solicitar comparaciones de precios, analizar la relación entre tarifa y calidad, identificar fechas históricamente más económicas o evaluar si una oferta está sobrevalorada en relación con el mercado.

Este fenómeno, que se viraliza especialmente en redes sociales, no implica que la IA se haya convertido en un nuevo canal de venta, pero sí marca un cambio relevante: esta tecnología comienza a ocupar el rol de asistente previo a la compra, una instancia que históricamente estuvo en manos de agencias de viajes, metabuscadores u OTAs –Online Travel Agencies–.

Un caso viral en redes reavivó el debate sobre precios e intermediación

El tema ganó visibilidad tras la difusión en la red social X de un hilo publicado por un consultor en inteligencia artificial, quien relató cómo utilizó herramientas de IA generativa para analizar tarifas hoteleras, comparar alternativas y evaluar la conveniencia de reservar de manera directa, asegurando haber accedido a un precio significativamente menor al publicado inicialmente.

Más allá del impacto del caso, referentes del sector advierten que estas experiencias no implican acceso a tarifas ocultas ni a inventarios en tiempo real. (El comercio turístico en tiempos de inteligencia artificial)

Sin embargo, reflejan un cambio en el comportamiento del consumidor, que comienza a apoyarse en la IA para auditar precios y tomar decisiones con mayor información previa.

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OTAs bajo presión: más comparación, menos fidelidad

La posibilidad de que los viajeros utilicen IA para contrastar precios entre plataformas, sitios oficiales y alternativas equivalentes introduce un nuevo nivel de presión sobre las agencias de viajes online.

El foco ya no está solo en quién ofrece el mejor precio, sino en la transparencia de la tarifa, los cargos incluidos y el valor agregado real de la intermediación.

Sin embargo, desde el sector de las agencias de viajes advierten que la IA no accede a inventarios en tiempo real ni a tarifas privadas, y que muchas diferencias de precio responden a políticas de cancelación, impuestos, cupos o acuerdos comerciales. Aun así, la percepción del usuario cambia: el consumidor siente que “puede auditar” la oferta.

Desintermediación: ¿oportunidad o falsa promesa?

Uno de los puntos más sensibles es el incentivo a la reserva directa. La IA puede sugerir contactar al hotel por fuera de las plataformas para negociar tarifas o beneficios, una práctica que no siempre resulta efectiva ni escalable. (¿Hacia dónde se dirige la inteligencia artificial en turismo en 2026?)

En mercados con alta demanda o en grandes cadenas, la posibilidad de mejorar el precio vía contacto directo es limitada. No obstante, el solo hecho de que el viajero lo intente refuerza la tensión histórica entre hoteles y OTAs, en un contexto de costos crecientes y márgenes ajustados.

El rol de las agencias frente al avance de la inteligencia artificial

Lejos de desaparecer, las agencias de viajes enfrentan el desafío de reposicionarse como asesores expertos, capaces de interpretar información, anticipar problemas y ofrecer soluciones personalizadas que una IA no puede garantizar: asistencia ante contingencias, conocimiento del destino, negociación profesional y respaldo operativo.

En este nuevo escenario, la IA aparece más como una herramienta complementaria que como una amenaza directa.

El diferencial ya no está en “buscar precios”, sino en gestionar el viaje de punta a punta.

De esta manera, y si bien la irrupción de la inteligencia artificial en la búsqueda y análisis de hoteles no redefine aún el negocio turístico, sí reabre un debate clave: cómo se distribuyen los viajes, quién captura el valor y qué esperan los viajeros del intermediario. Para OTAs, hoteles y agencias, el desafío no es tecnológico, sino estratégico.

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