A lo largo de la historia, tragedias como atentados terroristas y catástrofes climáticas, han hecho que las medidas de seguridad, tanto en aeropuertos como en áreas turísticas se endurezcan de forma significativa, brindando a las autoridades todas las herramientas necesarias para detectar y frenar situaciones de riesgo.
Tanto aeropuertos como hubs turísticos son canales para el tránsito de los viajeros, por lo que el balance entre la hospitalidad y la seguridad no puede quedar en segundo plano.
Sin embargo, esto trajo como consecuencia una serie de espacios toscos para los turistas, creando experiencias sumamente estresantes que impactan negativamente el aspecto de hospitalidad necesario para asegurar la rentabilidad del turismo.
Ahora, los encargados del desarrollo de entramados de seguridad están trabajando para cambiar esta tendencia.
Alcanzar el equilibrio
Los nuevos sistemas de seguridad estarían volviéndose cada vez más inteligentes para analizar todo lo que ocurre en tiempo real, disminuyendo el monitoreo minucioso que las autoridades deben llevar a cabo y, por ende, la sensación de estrés constante a la que se somete a los viajeros.
Ya sea el uso de un sistema de control de accesos con análisis biométrico para optimizar el registro de datos y la identificación de personas, hasta cámaras de seguridad inteligentes capaces de estudiar los espacios en tiempo real y de emitir alertas de forma automática, las herramientas modernas brinda las mismas capas de seguridad, pero siendo menos intrusivas.
Del mismo modo, desde agentes de seguridad hasta recepcionistas, están incrementando el enfoque en el trato, con la formación acerca de cómo crear ambientes hospitalarios desde el primer momento siendo un eje central. Esto incluye abordar a las personas de forma delicada y evitar el uso de lenguaje hostil en caso de situaciones que ameriten una revisión más profunda.
Lo que no puede faltar
Si bien el equilibrio entre seguridad y hospitalidad es esencial para el desarrollo turístico, la realidad es que el primer aspecto sigue siendo mucho más importante, especialmente si tenemos en cuenta las tragedias ocurridas en las últimas décadas. Por eso, hay varias cosas que no pueden faltar en los entramados de seguridad de estos espacios:
- Escaneo de identidad, ya sea tradicional o biométrico.
- Videovigilancia en áreas de acceso público, así como en espacios restringidos.
- Personal de vigilancia en espacios clave, especialmente en entradas, salidas y puntos de registro.
- Sistemas de escaneo de bolsos, carteras y maletas.
- Software de ciberseguridad actualizado en todos los equipos digitales.
- Sensores y alarmas inteligentes capaces de generar notificaciones de forma automática.
- Señalizaciones precisas sobre vías de emergencia y protocolos de acción en caso de contingencias.
Mientras mayor es la automatización de los dispositivos de seguridad, estos comienzan a volverse menos intrusivos, ya que se integran silenciosamente en el accionar tanto del personal como de los viajeros, evitando la confrontación directa y constante con los trabajadores de seguridad.
Privacidad, el reto principal
Aunque estos sistemas efectivamente brindan más seguridad sin sacrificar la hospitalidad, también tienen un impacto en la privacidad. Desde el reconocimiento facial, hasta el almacenamiento excesivo de datos personales, son algunos de los aspectos que más preocupan a los viajeros del mundo.
Adicionalmente, los escándalos sobre el mal uso de datos por parte de un gran número de empresas, incluyendo filtraciones y la venta de información privada de usuarios demuestran que estos sistemas deben estar adecuadamente blindados, y que es necesario contar con leyes específicas que determinen el uso y disposición de dichos datos.
Tanto aeropuertos como hubs turísticos son canales para el tránsito de los viajeros, por lo que el balance entre la hospitalidad y la seguridad no puede quedar en segundo plano.
Temas relacionados

